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TALLER AMBAU

Arquitectura interior / Espacios

El nuevo espacio para el estudio de Arquitectura AMBAU se convierte en el punto y final de un recorrido por los diferentes lugares que el equipo ha ido seleccionando a lo largo de los años para ubicar su particular "taller de arquitectura". Estos espacios siempre han sido lugares de marcado carácter, con historias que contar y con un lenguaje constructivo con el que dialogar: una vivienda loft en la Plaza del Mercado; un bajo en el histórico Portal de Valldigna; un taller industrial en el barrio de La Saïdia; un local a pie de la calle Quart en el Palacio de Rojas…; son ejemplos de las diferentes arquitecturas que se han reconvertido, con su lenguaje, en espacios propios que hablan de la identidad del trabajo de AMBAU.

La ubicación del nuevo estudio no es casual: se buscaba una zona céntrica con potencial de desarrollo, que conjugase el crecimiento, rehabilitación y modernización del centro de la ciudad sin perder el carácter de barrio. Debía ser un bajo, para no perder el contacto con la calle y la gente, pero sin renunciar a la iluminación natural y a una cierta privacidad; y, por supuesto, debía pertenecer a un edificio con cierta historia y con características constructivas particulares que permitiesen potenciar y expresar al máximo las ideas de AMBAU sobre la rehabilitación y el diálogo con las preexistencias arquitectónicas. El "espacio-taller" tenía que ser una experiencia que explorase el juego del contraste de varias realidades paralelas en las que confluyesen ciudad y transeúnte; arte y tecnología; interior y exterior; experiencia y memoria; naturaleza y urbanización; pasado y futuro; arquitectura y construcción… AMBAU significa ambos: dos partes que no se contraponen, sino que contrastan para entrar cada una de ellas en valor.

 

La lectura en planta del proyecto es sencilla, una L con acceso en la charnela que permite separar el local en dos zonas de trabajo-taller: una nave más pública y expuesta, y una sala y área más privada. El concepto de "taller", que siempre ha acompañado los pasos de este Estudio, se debía traducir en espacios que permitiesen seguir desarrollando el trabajo colaborativo entre los técnicos y los diferentes industriales, y que invitasen a la gente, a los clientes, a ser partícipes.

 

Así la nave más expuesta y vinculada a la calle es en la que se desarrolla el trabajo del día a día del equipo. Los grandes ventanales de perfilería de hierro, que redibujan los antiguos vanos de los escaparates de la vieja tienda de Confecciones Tano que anteriormente se ubicaba de forma reconocible en la esquina del bajo, no sólo introducen luz natural al interior del espacio, sino que también se cuela a través ellos el verde del parque, el barullo de la ciudad, el ir y venir de la gente del barrio. Las mesas de trabajo sin puestos fijos, se asocian a tres grandes huecos que incorporan sutilmente unas jardineras blancas de obra en su parte inferior como continuidad de la vegetación exterior. Configurando la esquina, los ventanales llegan a enrasarse con el suelo para alcanzar la cota de acera y dejar la distendida zona de office (una sencilla bancada blanca con un mueble superior volado de madera) completamente vinculada a la calle, separada por un simple vidrio. Así, contrariamente a lo que suele plantearse en otros casos, se deja a la vista del transeúnte la parte más humana del estudio, lo más cotidiano del trabajo de un equipo que desea hacer una arquitectura cercana y actual, con carácter y personal.

El bonito y particular techo rehabilitado de viguetas y revoltones con la imponente viga en diagonal domina el espacio y contrasta con la solera neutra de hormigón fratasado del suelo. Del mismo modo, la pared perimetral de ladrillo visto y grandes piezas de mampostería recuperada, contrasta con el telón de fondo de una armariada/tabique de acabado lacado negro que regulariza y ordena el proyecto a la vez que engloba diferentes espacios útiles: archivadores, cuarto de limpieza, guardarropa, casillero, espacio de muestras, patinillo de instalaciones y cierre del núcleo office-baño.

El acceso se realiza a través de un espacio exterior semicubierto con una rampa y jardinera que se puede cerrar con una particular cancela, y que se introduce hacia dentro como una caja de vidrio y hierro que intenta desvincularse de la envolvente interior.

Como telón de fondo de este espacio, una pared “a medio rehabilitar” se queda expuesta de forma cruda. Iluminada rasantemente desde abajo, muestra sin tapujos las diferentes capas superpuestas de las intervenciones realizadas a lo largo de la historia del local, y cuyas texturas han quedado fijadas de forma poética como metáfora del paso del tiempo. Es una declaración de intenciones del propio equipo de arquitectos que intentan buscar la belleza en las preexistencias de cada uno de los espacios sobre los que intervienen.

 

La zona-taller privada es un espacio más blanco y neutro, que queda dominado por la vista al patio interior del edificio y que se puede independizar del resto del local a través de una enorme puerta corredera de madera de roble que se oculta detrás del mueble principal. Ofrece pues, un lugar más sosegado para la reunión, para la reflexión y el trabajo. Las paredes longitudinales con estantes sobre los que exponer catálogos y materiales contrastan en textura y concepto (lisa-rugosa, madera-metal, ordenada-caótica, estático-dinámico) mientras que el centro queda dominado por una gran mesa metálica fija especialmente diseñada para sostener una única pieza porcelánica que hace de superficie de trabajo. En una esquina, una hornacina integra una pantalla que se despliega en previsión de la necesidad de la presentación; mientras que en otro rincón, unos escalones de chapa de carácter escultórico permiten el acceso al almacén.

El patio interior se concibe como un rincón calmado con suelo de grava blanca y plantas naturales que introduce una luz neutra y blanda a lo largo del día. En él quedan al descubierto ciertos vestigios del pasado: mampuestos, azulejos, ladrillos, vanos, vigas de un antiguo cobertizo,…; y es allí donde un elemental columpio nos invita a sentarnos y reflexionar sobre los valores del equipo de arquitectura y construcción: el mimo por los detalles y materiales; la puesta en valor de la tradición y pasado arquitectónico; la innovación y mejora en la habitabilidad para proporcionar nuevas posibilidades a espacios que se proyectan hacia un futuro más sostenible…


Localización: El Pilar, Ciutat Vella, Valencia
Año: 2020

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